Por Napoleón Brito
Uno puede formarse el carácter a partir de sueños; mas ello puede ser superficial. El carácter más bien se forja a fuerza de martillazos. (James A. Froude)
El desafío más grande de una persona, es conocerse a sí mismo, pues saber quiénes somos hoy, encenderá la luz para el mañana. Al llamarnos discípulos de Cristo, no podremos saber de que estamos hechos, si antes no hemos pasado por el filtro de la cruz. Pasar por el filtro de la cruz no es cuestión de gozo. Las Pruebas producen paciencia dice Santiago (1:7). La Paciencia nos hará encontrarnos a nosotros mismos, y encontrarnos a nosotros, nos dará una identidad. Por ello al ser discípulo de Cristo, sabemos que el sufrimiento es como un horno que forja nuestra identidad y nuestro carácter. Nos muestra quienes somos, y quien es Dios para nosotros, y lo que Él significa en nuestra vida. Al igual que el oro es fundido para luego ser moldeado y como resultado una joya preciosa. Dios necesita que seamos fundidos, derretidos en nuestro ser por medio del sufrimiento, para luego darnos forma a la imagen de Su Hijo, Cristo. Algunos se pierden en el intento, otros alcanzan madurez e identidad. Es allí en el sufrimiento, donde la verdadera fe es probada y marcara la diferencia. Por ello, saber quiénes somos en medio del sufrimiento nos formara el carácter y afirmara la fe, pero sobre todo, nos hará conocer mejor a Dios, a un Dios que sufre con nosotros. Y conocer a Dios en medio del sufrimiento, de seguro, nos hará amarlo más.
«… porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza.» (Romanos 5:3-4 N.V.I.)
